Reflexión 2. Tener que…

 


- ¿Cual es nuestro miedo más profundo?.

- Es nuestro miedo al amor.

-¿Por qué?

- Porque hemos sufrido mucho por su causa y nos queremos hacer duros para no sufrir.

(De Conversaciones de Rustam Çiçek e Ibrahim)


    

Tenemos una tendencia los seres humanos que consiste en plantearnos obligaciones y deberes que nos bloquean en cierto sentido. No son algo natural en nosotros sino algo que nos imponemos o nos han impuesto como si tuviésemos que alcanzar un ideal o una meta. El problema es que normalmente no lo vivimos como algo que nos permita disfrutar. En realidad ese tengo que o tienes que es como un imperativo que nos amarga la existencia. Otra parte de nosotros no está de acuerdo. Quiere simplemente estar en paz, disfrutar, estar tranquila y no ser continuamente agobiada por esa parte que parece un Pepito grillo exigente y tenso.

    

Normalmente hay un sentimiento de infravaloración, un sentimiento de falta de confianza en nosotros mismos que surge de nuestra experiencia en la familia, el colegio, el ambiente en que vivimos. Realmente nuestras conductas son una respuesta que hemos desarrollado en relación a unas situaciones de nuestro entorno. Ningún problema es solo individual. Hay toda una interrelación con el entorno familiar y social. Puede que hayamos desarrollado una manera de conseguir o de exigirnos cierta perfección de logro que obedece a la necesidad de ser reconocidos y respetados. Puede que de alguna manera hayamos sentido en nuestra infancia que esto no haya sido así. Esto puede que no lo recordemos. Nuestras estrategias de adaptación al entorno son “automáticas”. Hacer todo bien, cumplir como un niño del que los padres se sientan orgullosos puede ser una manera de tapar ese sentimiento de infravaloración y conseguir una aceptación e integración. Puede ser ante los padres o ante la sociedad. Otra parte de nosotros puede que diga: y que pasa si no soy tan maravilloso, ¿me vais a aceptar y considerar igual?. ¿Me aceptáis plenamente o simplemente por la conducta externa?. Todos los seres humanos queremos ser aceptados íntegramente pero el niño aprende a bloquear su espontaneidad porque , normalmente los padres han, consciente o inconscientemente, negado aspectos naturales de su expresión por motivos puramente convencionales. En muchas ocasiones no se ha comprendido para nada, ni escuchado lo que el niño estaba expresando. Este sentimiento de incomprensión lleva a la soledad y a desarrollar estrategias que forman nuestra personalidad pero que nos alejan de nuestro yo más esencial y profundo. Nuevamente un poema:


Lo “bueno” y lo “malo” están en mí

pero lo “bueno” no es tan bueno

a veces, lo “malo” es mejor

hay más sinceridad, os lo juro,

hay un grito que surge del corazón

- ¡por Dios, dejadme en Paz!

Comentarios

Entradas populares de este blog

El debate a debate

Notas para la comprensión del Rey Lear