Reflexión 5. Comprender las conductas humanas
Nunca se llega a un resultado,
sólo has deshecho un nudo
La prisa va de la mano del diablo
No hay sustancia en esa ansiosa compañera
Sus logros se sustentan en la arena
Más vacíos que un bello espejismo en el desierto
Atente a lo que está en tu presencia pues ello es para ti
Recuerda que lo que tiene sentido no puede ser atrapado
Eres esa comprensión que no puede ser acotada
Un misterio, un asombro y una maravilla.
(Abd’l Nur al-Hakimi)
Hay una diferencia entre comprensión y conocimiento. Cuando conocemos algo es como un hecho para nosotros. Decimos que sabemos, por ejemplo, que Nueva York se encuentra a tantos km. o que nos sentimos sin voluntad o tristes. Estos hechos constituyen conocimientos para nosotros. La comprensión significa además entender qué significación tiene para nosotros nuestra tristeza o falta de voluntad o la distancia y la situación de Nueva York. Comprender es algo que nos involucra personalmente mientras que conocer es como un dato o hecho objetivo. En este sentido podemos decir que el conocimiento científico por sí mismo no nos da comprensión suficiente de nuestro sentido de la existencia aunque pueda ser importante tenerlo en cuenta. Los hechos son importantes y necesarios pero no suficientes. Cuando Sócrates o Buda hablan de sabiduría o ignorancia no se están refiriendo al tipo de conocimiento que nosotros comúnmente entendemos como tal . Esta es la razón por la que tanto Sócrates como Buda pensaban que si una persona conoce el auténtico bien no puede hacer el mal. Digamos de paso algo muy importante, en la sabiduría tradicional de los maestros se aborda al ser humano como alguien que padece una serie de enfermedades. No tiene sentido atacar y burlarse de los diversos problemas del ser humano sino actuar como un buen médico que intenta comprender que ha pasado, por qué se da el comportamiento que provoca dolor o sufrimiento. No se es duro con el hombre o con las personas considerándolas malas o limitadas sino que se aplica el conocimiento sobre el estado alterado. Esto no es contra la persona sino a favor de su curación. Los moralistas, religiosos y otros ignorantes hacen sentir mal al ser humano, como degradado, incapaz, culpable, etc. es como si unos enfermos intentasen tratar a otros enfermos. De modo que la pregunta que nos podemos hacer es: ¿Cuándo se hace el mal a otros o a uno mismo?. Seguramente cuando somos infelices o sufrimos. Si realmente una persona es feliz o está conectada con su ser más hondo es improbable que se cause daño a sí misma o a otros. Ahora bien, ¿qué es el mal entonces? Es algo así como una confusión sobre nosotros mismos y la realidad. Porque nadie quiere hacerse daño a sí mismo a propósito aunque las consecuencias de sus acciones le lleven a perjudicarse. Veamos esto con más detenimiento.
Supuestos que hacen posible la comprensión de las conductas humanas
Estos supuestos son para reflexionar sobre ellos no para aceptarlos sin más. En todo caso es importante profundizar e intentar ver en que sentido están apuntando más allá de nuestro entendimiento común o convencional.
Primer Supuesto- Todos buscamos nuestro bien
Que es un supuesto del que parte Sócrates. En el Menón Platón dice en boca de Sócrates:
“¿No es acaso evidente que los que ignoran el mal no lo desean y que el objeto de sus deseos es una cosa que ellos creían buena, aun cuando fuera mala, de manera que, deseando ese mal que desconocen y que creen es un bien, lo que en realidad desean es un bien? […] ¿Hay, pues, un solo individuo que apetezca sufrir y ser desdichado? […] Por consiguiente, Menón, nadie puede apetecer el mal”
Segundo supuesto- El mal es ignorancia.
Que es una consecuencia de lo anterior. No es que nuestra voluntad sea mala sino que nuestra comprensión es insuficiente en determinadas situaciones. Nuestras creencias limitadas y formas de acción o conductas erróneas son la adaptación a un medio con los instrumentos que teníamos a nuestra disposición. Abandonar el moralismo tal y como hace Buda es ver los problemas “morales” como un médico, es decir, no presuponer un juicio moral en la acción. Si un animal muerde porque está asustado o tiene una espina clavada y reacciona así cuando lo vamos a ayudar se debe a que él tiene una visión distorsionada de la situación y nosotros comprendemos eso y no nos enfadamos sino que tratamos de comprender como hacer posible la ayuda si es el caso. Así nos debemos tratar a nosotros mismos. Los moralistas, dice Spinoza, condenan las acciones de los hombres porque no las comprenden. Y eso es como si un médico se enfadase con las enfermedades. Lo que hay es que comprender sus causas para hacer actuar los remedios.
Tercer supuesto- Toda conducta humana es comprensible.
Basado en lo anterior las conductas que objetivamente son perjudiciales pueden ser comprendidas a la luz de la concepción subjetiva de la persona. Esto no significa que comprender es justificar. La diferencia es nuevamente lo que un médico puede hacer: puede comprender las causas de una enfermedad pero no la justifica. Significa que podemos abordar la conducta como la consecuencia de unas creencias y visiones que se han formado en nosotros o en otros de modo que podamos simplemente, por el efecto de la comprensión, ahondar en nuestro ser de modo que nuestra manera de actuar y sentir se vuelvan más armónicas. La diferencia entre comprender y justificar es que en el caso de la justificación lo que se pretende es simplemente mantenerse en la posición que causa sufrimiento, porque no se comprende el porqué de la misma. Cuando una persona realmente comprende deja de actuar del modo en que se causa sufrimiento a sí mismo o a otros. Muchas veces lo que pasa es que creemos que no podemos “comprender” realmente. Pensamos que es algo solo mental y damos vueltas y nos frustramos. Lo curioso aquí es que la justificación es la forma en que nos relacionamos con algo que nos acusa o ataca ( a veces una parte de nosotros mismos: nuestro superyó, por ejemplo, en términos psicoanalíticos). Por ello es tan importante actuar desde la visión del buen médico que no acusa ni ataca al enfermo, aunque sea enérgico contra la enfermedad. Y no se confunde al respecto.
Cuarto supuesto: no hay impulsos originariamente perversos.
La idea de que hay algo perverso o malo de modo inherente es una creencia inculcada por diversas religiones, muy especialmente en el cristianismo, y esta idea realmente ha hecho mucho mal a las personas durante generaciones. Es la idea del pecado original. Es una concepción que se desarrolla en el mundo occidental incluso aunque no se tenga religión. Ha quedado como un poso en la cultura, subconscientemente. En la visión oriental nada es intrínsecamente malo. El mal es relativo a una perspectiva. Incluso lo que llamamos mal puede ser bien desde otro punto de vista más profundo. Aquí está bien recordar dos frases de Joseph Campbell:
“Tú mismo eres parte del mal, o no estarías vivo. Cada cosa que haces es mala para alguien. Esta es una de las ironías de la creación”
“En la medida en que el amor se expresa a sí mismo, no se expresa según los modos de vida aprobados. Es por eso que resulta tan secreto. El amor no tiene nada que ver con el orden social”
Aquello que es considerado un mal es, bajo otra cara, la revelación de una bondad. La expresión del amor, en la segunda frase, sería, por ejemplo, algo malo para la sociedad o para mucha gente que no lo podría comprender. Pero el amor es la vida y la vida es la afirmación de la existencia. La primera frase indica que el mal que hacemos es una condición necesaria de la vida y también ayuda a otros a ser y a desarrollarse. Si nunca hubiésemos recibido un “mal” seriamos tan débiles que nos extinguiríamos. Solo es un mal subjetivamente hablando. Es un tema para profundizar.
Quinto supuesto- los cambios verdaderos vienen a través de la comprensión
El reproche, la coacción moral, la denigración, la acusación no producen ningún cambio real. Solo la comprensión lo produce y es una consecuencia de la misma. Pensamos que el castigo y la crítica son necesarios para el cambio pero realmente solo producen cambios superficiales si es que los producen. El problema permanece o empeora. Dice Spinoza:
“Quien se deja llevar por el miedo y hace el bien para evitar el mal, no es guiado por la razón […]. Los supersticiosos, que se aplican a censurar los vicios más bien que a enseñar las virtudes, y que procuran, no guiar a los hombres según la razón, sino contenerlos por el miedo de manera que huyan del mal más bien que amen las virtudes, no tienden sino a hacer a los demás tan miserables como ellos mismos; y, por ello, no es de extrañar que resulten generalmente molestos y odiosos a los hombres” (Ética).
Sexto supuesto- los defectos no tienen sustancialidad.
En realidad se tratan de la expresión limitada de cualidades. Es como la sombra. La sombra no tiene ser por sí misma. Por ello no debemos luchar con los defectos (literalmente significa carencia) sino desarrollar nuestras cualidades. No luchar contra las sombras sino orientarnos a la luz.
En consecuencia de lo anterior:
Séptimo supuesto: el mal no tiene sustancialidad.
La oscuridad es solo la ausencia de luz. No tiene una realidad en sí misma.
(La fuente de la enumeración de los supuestos proceden de la enseñanza práctica y sapiencial de Mónica Cavallé)

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