Notas para la comprensión del Rey Lear
“Te advierto, quienquiera que fueres, que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tu ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros. Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el universo y los dioses.
(Inscripción en el interior del recinto de la Pitia, en el oráculo de Delfos. Relato de Pausanias)
CORDELIA- El tiempo mostrará toda doblez: si encubre, luego ríe con desdén. ¡Ventura tengáis!
Shakespeare nos muestra en Hamlet una técnica que está en los fundamentos mismos del teatro como autoconocimiento. Se trata del momento en que Hamlet pide a un grupo de actores ambulantes que representen la escena del asesinato del rey y la complicidad de la reina en el mismo, que es el trasunto de la propia situación que vive Elsinore, en el reino de Dinamarca. Hamlet observa su comportamiento y reacción e intenta deducir la culpabilidad de su tío y su madre en el asesinato de su padre. El tema es que esta técnica resume muchos aspectos básicos del teatro. Es la “identificación” de nuestro ser interno con los personajes y las relaciones que se dan en la obra. Aristóteles llamó Catarsis al proceso de liberación emocional que se daba en la tragedia al verse el espectador identificado con los héroes trágicos, experimentando compasión y/o temor. Idealmente debería la propia obra dramática llevar a una reflexión y comprensión que nos permitiese tener un mayor conocimiento de nosotros mismos. ¿Por qué y cómo nos identificamos con unos y otros? La hamartía es el error trágico, a veces un error de juicio que lleva a consecuencias funestas. Este error está oculto para el héroe trágico, es como una ceguera con respecto a sí mismo, que infringiendo las leyes naturales se ve abocado al destino1 doloroso y fatal, que actúa como corrector de la hybris. La hybris es la desmesura del orgullo, la pérdida de la medida y hace referencia a la invasión de lo que corresponde a otros y sus derechos. Es importante comprender que para los griegos las leyes naturales son previas a los hombres, son parte de una realidad cósmica. El deber de los seres humanos es comprender estas leyes y lo trágico pone en evidencia las consecuencias de su ignorancia. En este sentido la moral no es simplemente una convención humana (como pretenden los sofistas) sino que contiene los gérmenes de un conocimiento práctico. Pero ello implica comprensión profunda. Esto está explícito en los presocráticos, que conectaban el conocimiento de la phisis (naturaleza) y el cosmos con la vida correcta. Y esto es filosofía (amor a la sabiduría). Porque se trata de una cuestión de sabiduría, no simplemente de saber. Y todo ello conecta con las citas iniciales.
Es en este contexto en que se puede y se deba interpretar el teatro de Shakespeare, . Hay un paralelismo entre las facultades del alma en Platón y la organización de la polis (la ciudad, el reino podríamos decir en el teatro de Sakespeare). El ser humano es un microcosmos en el que se encarnan tres niveles: Intelecto (Nous, caracterizado por la comprensión y el conocimiento, la capacidad de percibir, de recordar cosas del pasado, y planificar para el futuro), corazón (Tymós, caracterizado por sentimientos de amor y odio, valor o cobardía, formar una intención y llevar a cabo una acción) y ego (epithumia, caracterizado por el deseo de supervivencia, placer sensual y su búsqueda, las ambiciones materiales, la propia importancia sin consideración de los demás y la codicia). El intelecto debe guiar al corazón que a su vez debe contener al ego. No es un proceso lineal o mecánico. Tiene diferentes capas. Por ejemplo, un intelecto ofuscado es el que no conoce la verdadera naturaleza del honor y la dignidad, un atributo que hace valer el corazón (tymós). Entonces el corazón se deja llevar por un sentido superficial de la dignidad y el honor, cristalizando en una actitud egocéntrica que pretenderá apropiarse dicha dignidad y honor de forma violenta o forzada, lo que que es una contradicción en sí misma. Esto es la hamartía, que conlleva a la hybris ya mencionada. Es esta desmesura, esta incomprensión de la propia naturaleza de sí mismo lo que provocará la tragedia del héroe trágico.
El REY LEAR
Existe una intencionalidad consciente en la obra de Shakespeare que tiene como objetivo mostrar el desarrollo de un tipo de enseñanza especial, evolutiva, que tiene que ver con el desarrollo de la conciencia de la civilización occidental pero en el sentido de una filosofía perenne, es decir, una filosofía, tal y como acuñó Leibniz, que no depende de modas o épocas. Ello explica porque se sitúa en marcos de Grecia y Roma, atraviesan el período medieval con los dramas históricos de los distintos reyes ingleses y aparecen varios ciclos representados (moderno, celta, bohemio, italiano, inglés francés y el nuevo ciclo de sus últimas obras: Las alegres comadres de Windsor, La Tempestad y Sueño de una noche de verano).
El Rey Lear se basa en los relatos semilegendarios del rey Leir, un soberano de la Britania prerromana. Los relatos fueron compuestos por Geoffrey de Monmouth en el siglo XII. Fue también quien participó activamente en la popularidad de las crónicas del Rey Arturo.
En esta obra Shakespeare muestra como la ofuscación del Intelecto (Nous) representado por el Rey lleva a la ruina del reino y la desolación. Esta desolación viene mostrada por la incapacidad de prestar oído a su propio corazón. Veamos antes algunas connotaciones de los propios nombres Lear y Cordelia.
Lear: en inglés Learn es aprender pero le falta la “n” en Lear. Es como un aprendizaje inacabado, que no se ha completado. Leer es según el Oxford Dictionary la expresión que significa “mirar de reojo o sonreír a alguien de una manera desagradable que muestra interés maligno o sexual en él o ella”. Lier es mentiroso. La idea es la de un intelecto inmaduro que se miente a sí mismo y a los demás, que busca la adulación y que está preso de un sentimiento de codicia y poder que se expresa en la manera “incestuosa” con que se relaciona con sus hijas. Este tema del incesto es un tema presente en varias tragedias de Shakespeare. No se trata de un incesto obvio. Es más bien la forma seductora y sensual de apegarse a los aspectos más materiales y burdos. Esto se representa claramente con las hijas Gonerila y Regan. Éstas se inclinan ante el poder de su padre y el les pide esa forma obvia de adulación que ellas practican sin sentir realmente nada de lo que dicen. Es por ello que Cordelia permanece fría. Y no cede a los “deseos” del padre. Es como si Lear pretendiese comprar algo de Cordelia que la mancillaría. De aquí viene la explicación de porque el comportamiento de Cordelia parece fuera de tono
Cordelia: la frialdad mostrada es precisamente lo contrario de lo que ella es realmente. Su nombre es literalmente “corazón” (de cord, cordis en latín). El corazón es la médula del ser y del reino, el que da verdadera vida al cuerpo y al reino. El intelecto debe saber escucharlo y comprenderlo. Cordelia representa la capa más profunda y honda del secreto del reino. Visto desde una perspectiva convencional la manera en que Cordelia se comporta no parece realista pero este es el punto. No es convencional. Shakespeare nos muestra aquí el “pecado oculto” de la relación del padre con sus hijas Gonerila y Regan. La fría posición de Cordelia es el espejo de la “frialdad” real que subyace a las pasiones de “adulación y poder” que se muestran en las capas externas del reino y del ser. Cordelia también es la pureza no mancillada, la virtud real del reino y la base para su posible reconstrucción. El hecho es que Cordelia es la favorita de Lear y esto se debe a la intuición profunda que liga al rey con la continuidad de su reino, o podríamos decir al ser con la continuidad de su ser pero al romperse este vínculo de comunicación, al ceder a lo más burdo, se disgregan las partes y acaece la tragedia. La respuesta sincera de Cordelia estaba también llena de sabiduría, era la necesidad de prevenir al Rey de su prematura abdicación y de desconectarse de su responsabilidad. El intelecto se desconecta de su corazón y el reino enloquece de poder y arrogancia. La fuerza viva y profunda del corazón se retrae y desaparece. Cordelia se casa con el Rey de Francia que la lleva sin dote, solo por su virtud, dote más que suficiente a su criterio. El Rey de Francia simboliza una dimensión más refinada y evolutiva de la conciencia en comparación con la burda situación de Britania. (obviamente Francia aún no existía en aquel entonces, es un anacronismo que funciona como símbolo)
Cordelia es clara e intenta de varias maneras decirle a su padre la diferencia entre las apariencias y la realidad, que no se deje arrastrar por las apariencias. Pero Lear está ciego aunque tiene ojos.
Cordelia-
“Mi amor es más grande que mis palabras”.
[Lo que viene a significar que su amor es de otra calidad, no una mera “necesidad de tener”]
“¿Por qué tienen marido mis hermanas si, como dicen, no os aman más que a vos? Puede que, cuando me case, el esposo a quien dé mi mano se lleve la mitad de mi amor con él, la mitad de mi solicitud y deber: ciertamente no me casaré como mis hermanas para amar solamente a mi padre”
Gonerila y Regan- Celosas y traidoras. Son los aspectos corruptos del corazón. El modo en que se apoyan en el intelecto de un modo astuto, maquinando con segundas intenciones todos sus pasos. Son las que muestran a Lear la ceguera de su decisión con su comportamiento despótico, interesado y guerrero. Todas sus maquinaciones son frías y de pasos calculados pero producen mucha “pasión” a su alrededor. Son racionales, materialistas, solo se centran en sus mezquinos intereses y sucumben a la corrupción del egocentrismo más ciego.
Edmund- es el caso similar a las anteriores que se liga también a la facultad corrupta del corazón. Su bastardía es el pecado de su padre, que lleva como un complejo de inferioridad. Encarna la envidia y la duplicidad de la intenciones, la forma bífida de preparar mucho su manera de decir adecuadamente las cosas en público y actuar con otra cara completamente diferente en privado. Tiene el papel del “susurrador”, al igual que las brujas de Macbeth. En otras obras de Shakespeare el bastardo es una persona noble que restaura el verdadero sentido de las cosas (por ejemplo el bastardo en El Rey Juan) en contraposición al “legítimo”. La cuestión no es ser bastardo o legítimo. Lo que es producto del amor es noble pero lo que es producto simplemente de la lujuria o del compromiso de los intereses es corrupto. A ello se alude con la ceguera de Gloucester, padre de Edmund y Edgar al final de la obra.
Gloucester- Es un aspecto noble del ser pero no pleno. Es honrado y leal y representa una capa del corazón algo crédula, ingenua. Toma decisiones de forma apresurada y se deja engañar pero prevalece su fondo. Pero debe pagar por sus defectos y sufrir las consecuencias de su inmadurez.
Edgar es su hijo legítimo, al principio también leal e ingenuo. Es uno de los caballeros del Rey Lear y es ahijado del Rey. Esto significa que hay un enlace “sutil y espiritual” con el reino a través de Edgar. La traición de Edmund lo hace “madurar”, y debido a su nobleza las dificultades se convierten en agentes de desarrollo. Ello implica una transmutación de la personalidad y una anulación de su personalidad superficial (“Edgar no existe”) De hecho al final de la obra solo queda Edgar para hacerse cargo del reino, para resurgir de las cenizas y restaurarlo. La continuidad de Rey Lear es la obra Cimbelino.
Edgar- “Mientras pueda escapar, me protegeré; tengo la intención de ofrecer el aspecto más pobre e indigno con el que la miseria, desdeñosa del hombre, le redujo casi a bestia. Me ensuciaré la cara, me ceñiré una manta, haré de mi pelo greñas y, expuesta mi desnudez, lucharé contra el viento y el acoso de los cielos. El campo ofrece casos y ejemplos de mendigos lunáticos que, vociferando, se clavan en el brazo desnudo y entumecido alfileres, pinchos de madera, clavos, puntas de romero; con tan horrible espectáculo van por míseras granjas, aldehuelas, majadas y molinos, y, con locas maldiciones o con súplicas, mueven a caridad: «¡Socorred a Turlygod! ¡Limosna para Tom!» Es lo que me queda, pues Edgar no existe.
Kent- Es una capa noble y sana de la facultad-corazón. Impulsivo y directo. Franco y leal. Es demasiado franco y directo y pagará por ello como una forma de ingenuidad que lo hará madurar también a través de una serie de transformaciones. Será otro de los aspectos que sobrevivirá al final para apoyar la restauración del ser. Sus relaciones con el bufón muestran su grado también de sabiduría que serán apuntaladas y guiadas por el bufón.
El Bufón es el agente guía, la sabiduría profunda del ser que intenta aprovechar las diferentes situaciones para una dirección positiva del ser (el reino) pero se va a ver frustrado en diferentes ocasiones por la tozudez y violencia de Lear, que está sordo y ciego, aunque con oídos y ojos. Esta conexión con los valores profundos del reino (del ser) y con el corazón se expresa en la frase: “Desde que Cordelia se fue a Francia, señor, el Bufón ha estado triste”. Es decir, Edgar, Kent, Albany, Cordelia, el Bufón representan aspectos del verdadero Reino (del verdadero Ser) que intentan diversas estrategias para restaurar su posición contra la usurpación y la tiranía de las facultades corruptas. Pero en un determinado momento el papel de Lear es relevado, baja de posición. El bufón se da cuenta de que no puede ayudar a dicha restauración y dirige sus actos a conservar un núcleo no corrupto que pueda restaurar el reino en el futuro. En un momento dado, cuando delega algunas tareas en Kent, el Bufón le dice:
“Te pondremos en la escuela de la hormiga para que aprendas que no se trabaja en invierno. A todos los que siguen a su nariz les guían los ojos, salvo a los ciegos, y no hay una nariz entre veinte que no pueda oler a quien hiede. Cuando una gran rueda corre cuesta abajo, suéltala, no vayas a romperte el cuello siguiéndola, pero déjate arrastrar por la gran rueda que va cuesta arriba”
Aquí el Bufón le dice a Kent que no hay nada que hacer con Lear, ha bajado de categoría, solo cabe seguir la rueda que sube, aunque pueda ser aparentemente contradictorio. La rueda que baja es una inercia autodestructiva. Es el proceso degenerativo de la situación. La acción final del Bufón sucederá en una ocasión especial, cargado de simbolismo, una ocasión energética que trastocará y limpiará todas las impurezas. Es la tormenta
LA TORMENTA.
Bufón- El que tiene poca inteligencia,/tralará, con el viento y con la lluvia,/ ha de ajustarse a su fortuna/ Porque llover llueve a diario.
Esto completa lo comentado antes de que se ha rebajado el mandato de Lear, el Bufón incluso le pide a Lear que pida disculpas a sus hijas, lo que es bastante insólito teniendo en cuenta lo mordaz y sarcástico que es habitualmente. Pero lo hace porque lo considera desde una perspectiva en que ya no lo ve como Rey. Más bien está preparando su final. Dice de Lear con respecto a Cordelia.
“Su propia vergüenza lo abruma: su propia crueldad que la desposeyó de su bendición y la arrojó a tierras extranjeras y que entrego sus preciosos derechos a sus hijas de corazón de perro; estas cosas hieren su mente tan venenosamente que una vergüenza abrasadora le impide acercarse a Cordelia”
La tormenta es la purificación de todos los convencionalismos que encubrían la verdad de las cosas. Todo sale a relucir. La desnudez y el desvalimiento, la indigencia y las inclemencias naturales muestran la verdad. Es la consecuencia de una ley natural sobre la que no pueden nada los convencionalismos sociales:
LEAR- ¡Vaya! ¡Goneril con barba blanca! Me adularon como perros zalameros, diciendo que tenía pelos blancos en la barba antes que me salieran los negros. Decir sí y no cada vez que yo decía sí y no es mala teología. Cuando vino la lluvia y me mojó, y el viento me hizo tiritar; cuando el trueno no callaba a pesar de mis órdenes, ahí los pillé, ahí los calé. Claro, no son hombres de palabra. Me decían que yo lo era todo. Mentira: no soy inmune a las fiebres.
...
LEAR Y el pobre hombre huye del chucho. Ahí tienes la imagen perfecta de la autoridad: al perro le obedecen su cargo. –– Esbirro canalla, detén tu mano sangrienta. ¿Por qué azotas a esa puta? Desnuda tu espalda. Tú ardes en deseos de hacer con la moza lo que la condena. El usurero ahorca al ratero. Los harapos dejan ver grandes vicios; togas y pieles lo tapan todo. Acoraza de oro el pecado, y la sólida lanza de la ley se parte sin herir; cúbrelo de andrajos, y lo traspasa la pica de un pigmeo. Nadie infringe nada, nadie; yo respondo. Tú hazme caso, amigo, que yo puedo silenciar al acusador. Ponte ojos de cristal y, como el vil marrullero, aparenta ver lo que no ves. –– ¡Vamos, vamos, vamos! Quítame las botas. ¡Más fuerte, más fuerte! Así.
EDGAR ¡Qué mezcla de razón e incoherencia! ¡Juicio en la locura!
LEAR Si quieres llorar mi desgracia, toma mis ojos. Te conozco muy bien; te llamas Gloucester. Ten paciencia: nacimos llorando. La primera vez que olemos el aire, gemimos y lloramos. Voy a predicarte. ¡Atención!
GLOUCESTER ¡Ah, qué pena, qué pena!
LEAR Al nacer, lloramos por haber venido a este gran teatro de locos. –– ¡Buen sombrero! Sería una treta sutil herrar con fieltro un escuadrón de caballería. Haré la prueba y, cuando sigiloso me haya acercado a mis yernos, ¡muerte, muerte, muerte, muerte, muerte!
El final es la devastación del reino que no puede más que autodestruirse por sus fuerzas negativas que se anulan como un cáncer que lo invade todo. Edmund, Goneril y Regan son víctimas de su propia astucia y sucumben a su exceso de “cálculo e interés”. Entretanto las facultades de intuición y sutilezas son entrevistas en esos momentos finales después de sufrir la “recriminación” y “la purificación”. El ciego, Gloucester, ve con claridad la situación. Lear comprende lo que ha pasado y Cordelia muere junto a su padre. Es el fin de todo un ciclo y un agotamiento de las posibilidades. Edgar será el futuro Rey.
Es como la necesidad de dejar la caverna platónica para alcanzar la visión. Paradójicamente Lear y Gloucester “ven” cuando todo está patas arriba, todo al revés. El bufón es el agente que continuamente intenta mostrar la verdad en las paradojas y con las paradojas, para “ver” la realidad y la verdad. Su conexión con Cordelia es obvia. La tiranía no soporta el humor e induce siempre una tensión y una rigidez seria. Lo importante, lo serio, suele ser ridículo para la verdad. La seriedad es un atributo de la verdadera majestad que mantiene una buena complicidad con su bufón. Cuando lo censura y lo persigue el reino y el ser de la persona está a merced de su propia tiranía. Y no hay peor tiranía que la que ejercemos sobre nosotros mismos.
Anexo2:
«El ser humano no suele tener un “yo” individual. En su lugar, hay centenares y millares de pequeños “yoes” separados, que la mayoría de las veces se ignoran, no mantienen ninguna relación, o, por el contrario, son hostiles unos a otros, exclusivos e incompatibles. A cada minuto, a cada momento, el individuo dice o piensa “yo”. Y cada vez su “yo” es diferente. Hace un momento era un pensamiento, ahora es un deseo, luego una sensación, después otro pensamiento, y así sucesivamente, sin fin. El ser humano es una pluralidad. Su nombre es legión.
El alternarse de los “yoes”, sus luchas por la supremacía, visibles a cada instante, son comandadas por las influencias exteriores accidentales. El calor, el sol, el buen tiempo llaman inmediatamente a todo un grupo de “yoes”. El frío, la neblina, la lluvia llaman a otro grupo de “yoes”, a otras asociaciones, a otros sentimientos, a otras acciones. No hay nada dentro del ser humano que sea capaz de controlar los cambios de los “yoes”, principalmente porque no los nota, o no tiene ninguna idea de ellos; vive siempre en su último “yo”. Algunos, naturalmente, son más fuertes que otros; pero no por su propia fuerza consciente. Han sido creados por la fuerza de los accidentes, o por excitaciones mecánicas externas. La educación, la imitación, la lectura, el hipnotismo de la religión, de las castas y de las tradiciones, o la seducción de los últimos slogans, dan nacimiento, en la personalidad de un ser humano, a “yoes” muy fuertes que dominan series enteras de otros “yoes” más débiles [...].
El ser humano está dividido en una multitud de pequeños “yoes”. Pero cada uno de ellos es capaz de llamarse a sí mismo con el nombre del todo, de actuar en el nombre del todo, de hacer promesas, de tomar decisiones, de estar de acuerdo o de no estar de acuerdo con lo que otro “yo”, o el todo, tendría que hacer. Esto explica por qué la gente toma decisiones tan a menudo y tan raramente las cumple. [...] La tragedia del ser humano es que cualquier pequeño “yo” tiene el poder de firmar contratos, y que luego sea la persona, es decir el todo, quien deba enfrentarlos».
«Las enseñanzas orientales están llenas de alegorías que intentan describir, desde este punto de vista, la naturaleza del ser humano. Según una de ellas, el ser humano es comparado a una casa, sin Amo ni mayordomo, ocupada por una multitud de sirvientes. Estos han olvidado completamente sus deberes; nadie quiere cumplir su tarea; cada uno se esfuerza en ser el amo, aunque fuere un momento, y, en esta especie de anarquía, la casa está amenazada por los más graves peligros [...].
La comparación del individuo con una casa en espera de su Amo es frecuente en las enseñanzas del Oriente que han conservado las huellas del conocimiento antiguo [...] esta idea aparece también bajo formas variadas en numerosas parábolas de los Evangelios».
«[...] cada ser humano tiene un repertorio definido de papeles que desempeña en circunstancias ordinarias. Tiene un papel para cada clase de circunstancias en que se encuentra habitualmente; pero colóquenlo en circunstancias ligeramente diferentes, y será incapaz de descubrir el papel que concuerda con ellas, y por un breve instante se tornará él mismo. El estudio de los papeles que cada uno desempeña es una parte indispensable del conocimiento de sí. El repertorio de cada individuo es extremadamente limitado. Si un ser humano dice simplemente “yo” e “Ivan Ivanovich”, no se verá a sí mismo todo entero, porque “Ivan Ivanovich” tampoco es uno solo; cada ser humano tiene por lo menos cinco o seis de ellos: uno o dos para su familia, uno o dos para su oficina (uno para sus superiores y otro para sus subordinados), uno para sus amigos en el restaurante, y otro también, quizá, para las conversaciones intelectuales sobre temas sublimes. Según los momentos, esta persona está completamente identificada con uno u otro, y es incapaz de separarse de él. Ver sus papeles, conocer su propio repertorio y, sobre todo, saber cuán limitado es, ya es saber mucho. Pero he aquí lo más importante: fuera de su repertorio, es decir, tan pronto algo le haga salir de su rutina, aunque solo sea por un momento, un individuo se sentirá terriblemente incómodo, y entonces hará todo tipo de esfuerzos para volver cuanto antes a uno u otro de sus papeles habituales. Recae en el camino trillado, y todo se encarrila de nuevo sin tropiezos para él: todo sentimiento de malestar y de tensión ha desaparecido. Siempre es así en la vida. Pero en el trabajo, para observarse a sí mismo, es absolutamente necesario admitir este malestar y esta tensión, y no temer los estados de incomodidad e impotencia. Solo a través de éstos puede un ser humano realmente aprender a verse. Y es fácil captar la razón. Cada vez que una persona no se encuentra en uno de sus papeles habituales, cada vez que no puede hallar dentro de su repertorio el papel que convenga a una situación dada, se siente como un ser desnudo. Tiene frío, tiene vergüenza, quisiera huir para que nadie le vea».
Bibliografía:
Shakespeare para el buscador, IV volúmenes, Wes Jamroz. Editorial Sufí, Madrid.
La calidad de la Misericordia: reflexiones sobre Shakespeare, Peter Brook, La pajarita de papel ediciones, 2021
1 Moira en griego, que significa también, lote, porción , parte que te toca.
2Fragmentos de una Enseñanza desconocida, Ouspensky.
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